Pedro Sánchez enfrenta su momento más delicado desde que llegó a La Moncloa. Según la última encuesta de Sigma Dos, su valoración ciudadana se desploma hasta una nota media de 3 sobre 10, situándolo casi al nivel de los líderes políticos más cuestionados. Este hundimiento supone un fuerte contraste con las calificaciones que recibía hace apenas dos años.
La caída coincide con una cadena de investigaciones judiciales que afectan a personas muy cercanas al presidente, incluyendo a su esposa Begoña Gómez, su hermano David Sánchez, así como exdirigentes y colaboradores principales del PSOE. Este contexto ha generado un desgaste notable tanto en la percepción pública como dentro de las bases socialistas mismas.
Los propios votantes del PSOE reflejan este malestar: de concederle una nota de 6,5 hace un año, ahora apenas le otorgan un 5,8. La intención de voto también evidencia un retroceso, con una pérdida estimada de trece escaños en unas hipotéticas elecciones anticipadas. Sólo un 68% entre quienes votaron al partido en 2023 repetiría su apoyo.
Entre los factores que explican este rechazo figuran el descontento con la gestión gubernamental, la falta de confianza por los escándalos judiciales en torno a su entorno cercano, y las tensiones internas dentro del partido, que dificultan la renovación de la coalición de izquierdas que gobierna desde 2020.
Este deterioro en su imagen no es exclusivo de Sánchez; otros líderes principales también evidencian un descenso en su popularidad, aunque el presidente es quien experimenta la mayor caída en los indicadores de opinión pública en el actual contexto político.
