Cientos de personas se reunieron en el CIFP Río Tormes para rendir homenaje a Elena Rodríguez, la profesora que falleció en un atropello el pasado 28 de mayo. La ceremonia contó con la presencia de familiares, amigos, colegas y estudiantes, todos profundamente afectados por su pérdida. Entre los asistentes se encontraban Jorge Arévalo, viceconsejero de Formación Profesional del País Vasco, Ángel Miguel Morín, director provincial de Educación de Salamanca, y representantes de la Dirección General de Formación Profesional de Castilla y León.
Durante el acto, varios oradores honraron la memoria de Elena. Miguel Ángel Casanova, director del CIFP Río Tormes, abrió la ceremonia con un emotivo discurso en el que destacó el impacto positivo que Elena tuvo en la comunidad educativa. Sus palabras fueron seguidas por un canto elegíaco y el melancólico sonido de un violín, que resonaron en el silencio del patio.
«Queremos celebrar su presencia, optimismo, energía, la sonrisa que nos regalaba cada día, su bondad y el entusiasmo con el que arrancaba cada proyecto personal y profesional. Su espíritu colaborativo ha inspirado a tantos.»
Miguel Ángel Casanova, Director del CIFP Río Tormes
Después del discurso, la familia de Elena, junto con la comunidad educativa, plantó un árbol Ginkgo Biloba en los jardines del instituto en homenaje a su compromiso con la sostenibilidad. Los hijos de Elena fueron los encargados de plantar el árbol, mientras una emotiva ovación acompañaba el momento.
El homenaje continuó en el aula 114 de emprendimiento, donde se develó una placa conmemorativa con el nombre y rostro de Elena. Esta aula era un lugar donde ella pasaba gran parte de su tiempo, dedicándose con pasión a sus proyectos y a sus estudiantes.
Durante el homenaje, se recordó a Elena como una persona brillante y resplandeciente. «Una mujer brillante, resplandeciente, que ilumina, como lo hace una antorcha. Tres cualidades que sus ojos vivos y curiosos reflejaban a la perfección. Nos hacía emprender nuevos caminos y visualizar un futuro mejor.»
«Nos deja una huella imborrable en el centro y en toda la comunidad educativa. Una excelente compañera, generosa, amable, desprendida, cordial y una buena persona. Seguiremos por la senda en la que tú creías y tú nos enseñaste, sin olvidarnos del lado humano y sensible que te caracterizaba. No permitiremos que se apague tu antorcha.»
