El reciente apagón que sumió a la región en la oscuridad puso de manifiesto una preocupante vulnerabilidad en los sistemas de comunicación de los servicios de ambulancias. La inesperada interrupción del suministro eléctrico no solo dejó sin luz a hogares y negocios, sino que también provocó el colapso de las redes telefónicas móviles, dejando a los equipos de emergencia sin su principal medio de contacto. Esta situación generó un caos operativo significativo, tal como denuncian los profesionales del transporte sanitario, quienes se vieron obligados a recurrir a métodos alternativos y menos eficientes para coordinar sus intervenciones. La falta de emisoras de radio en los vehículos, a pesar de ser un requisito contractual, complicó gravemente la respuesta a las urgencias, evidenciando una supervisión laxa por parte de las autoridades sanitarias.
La caída generalizada de las comunicaciones telefónicas durante el apagón del pasado lunes se erigió como uno de los mayores inconvenientes, incluso superando la propia ausencia de electricidad en términos de impacto en la operatividad de los servicios esenciales. Las torres de telefonía móvil dejaron de funcionar simultáneamente con el corte del suministro eléctrico, imposibilitando las llamadas y el uso de datos móviles para la comunicación. Esta incomunicación generó una palpable sensación de desconcierto e indefensión entre la población, pero sus consecuencias más graves se manifestaron en la dificultad para solicitar ayuda en situaciones de emergencia.
Los profesionales del transporte sanitario han expresado su profunda preocupación ante la revelación de que las ambulancias de la región no estaban adecuadamente preparadas para afrontar una interrupción de las comunicaciones móviles, a pesar de depender exclusivamente de estos dispositivos para su coordinación diaria. José María García, presidente del sindicato SP-TES, enfatizó que «uno de los requisitos fundamentales establecidos en el último contrato firmado entre el Servicio de Salud regional (Sacyl) y la empresa adjudicataria del servicio de ambulancias era que los vehículos estuvieran equipados con emisoras de radio o sistemas de comunicación vía satélite. Sin embargo, la empresa no ha instalado las emisoras, y Sacyl no ha ejercido una supervisión efectiva para garantizar el cumplimiento de esta cláusula, a pesar de que la normativa europea así lo exige».
Los técnicos del transporte sanitario describieron el apagón como un «auténtico caos» para la operatividad de las ambulancias, afectando tanto a los servicios de emergencias como al transporte programado de pacientes. Ante la inoperatividad de los teléfonos móviles, la pregunta crucial era cómo se informaba a las ambulancias sobre la necesidad de acudir a un servicio. «La solución improvisada fue que la Policía Local se desplazaba hasta nuestras bases, ubicadas en hospitales y centros de salud, para comunicarnos los avisos. La Policía, que sí utiliza emisoras de radio, recibía las instrucciones del centro de coordinación de emergencias 112 y, posteriormente, nos dirigían a los lugares donde se requería nuestra presencia», relató García. No obstante, este sistema presentaba una limitación significativa: «No era posible trasladarse directamente de un servicio a otro; era necesario regresar a la base después de cada intervención para recibir la información sobre el siguiente destino». Los profesionales del transporte sanitario son plenamente conscientes de que este procedimiento ralentizó considerablemente la capacidad de respuesta y ya han solicitado formalmente una reunión urgente con la empresa adjudicataria del servicio de transporte sanitario de Sacyl para exigir la implementación inmediata de emisoras de radio en cada vehículo. «Solo en Salamanca, calculamos que hay cerca de un centenar de vehículos operativos, incluyendo las 25 ambulancias de emergencias, otras 3 o 4 de reserva y aproximadamente 70 ambulancias destinadas al transporte programado», estiman.
En el encuentro futuro, previsto para después del puente festivo, los representantes de los trabajadores también tienen previsto plantear otra inquietud fundamental relacionada con la operatividad de la flota en situaciones de apagón: «No solo fallaron las comunicaciones; tampoco habría sido posible repostar los vehículos, ya que el suministro de combustible en las gasolineras también depende de la electricidad. Si bien este fue un problema generalizado que afectó a toda la población y a todas las estaciones de servicio, en el caso de las ambulancias debería existir una alternativa de suministro energético. Dentro de lo negativo, en Salamanca la interrupción del suministro eléctrico solo duró unas tres horas, pero otras provincias sufrieron cortes que se prolongaron hasta la madrugada». Esta cuestión subraya la necesidad de planes de contingencia integrales que aborden no solo las comunicaciones, sino también el suministro de combustible para los vehículos de emergencia en situaciones de crisis energética.
