Los incendios forestales declarados en Cipérez y El Payo continúan activos y han alcanzado niveles críticos en la provincia de Salamanca. Las columnas de humo generadas por estos focos han llegado hasta la capital provincial, que despertó este lunes bajo un cielo cubierto por una densa capa gris y un fuerte olor a quemado, afectando de forma directa a la salud de la población.
La inhalación del humo puede tener consecuencias inmediatas en las vías respiratorias, tanto en personas sanas como en aquellas con enfermedades previas, como el asma o la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). Según especialistas del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca, los compuestos que se liberan durante la combustión —como dióxido de carbono, monóxido de carbono o partículas finas— pueden provocar desde irritaciones leves hasta problemas respiratorios más severos.
En personas con enfermedades crónicas, la exposición al humo puede agravar los síntomas, provocando dificultad para respirar, tos persistente o incluso molestias en el pecho. En la población general, los efectos más comunes son escozor en ojos y garganta, picor nasal y tos seca. Estas reacciones pueden intensificarse en función del tiempo de exposición y la cercanía al incendio.
Prestar atención a los primeros síntomas es clave para evitar complicaciones mayores. Si se perciben molestias respiratorias, mareos o sensación de falta de aire, lo recomendable es acudir a un centro médico. En casos más graves, la inhalación de humo puede generar alteraciones en el sistema cardiovascular, como arritmias, o efectos neurológicos, debido a la absorción de sustancias tóxicas a través del sistema sanguíneo.
Uno de los grupos más afectados por estas condiciones son los bomberos forestales. La exposición prolongada al humo y las altas temperaturas no solo impacta en su rendimiento físico, sino también en su salud. Estos profesionales trabajan largas jornadas entre llamas y gases nocivos, incluso con equipos de protección.
Uno de los bomberos desplegados en el incendio de Cipérez relató que, pese a usar mascarilla con filtro, el humo logra filtrarse por los ojos cuando se combina con las gafas. “Después de tantas horas seguidas, se me irritó tanto la garganta que llegué a escupir sangre”, explicó. Además, denunció la falta de hidratación en el campo: “Lo básico sería tener agua fresca cerca, pero muchas veces no la llevan, y eso me parece fundamental”.
El humo también contiene sustancias potencialmente cancerígenas, como los hidrocarburos aromáticos policíclicos. Aunque el riesgo es bajo si la exposición es puntual, los expertos advierten que una exposición acumulada durante años, como la que enfrentan los bomberos, podría incrementar las probabilidades de desarrollar enfermedades graves a largo plazo.
Ante esta situación, las autoridades sanitarias recomiendan a la población actuar con prudencia. Las indicaciones incluyen evitar salir al exterior si no es imprescindible, no realizar actividad física intensa, cerrar puertas y ventanas, usar mascarillas adecuadas y utilizar sistemas de climatización para mejorar la calidad del aire interior.
También se aconseja no generar fuentes adicionales de contaminación dentro del hogar, como velas o tabaco, y estar atentos a los avisos oficiales sobre la calidad del aire, que puede consultarse en plataformas oficiales como la AEMET o el Ministerio para la Transición Ecológica.
Por su parte, la Junta de Castilla y León ha emitido una guía con medidas preventivas para la ciudadanía. Entre las recomendaciones destacan el uso de protección especializada para quienes trabajen al aire libre y evitar el uso de pañuelos o mascarillas antipolvo, que no filtran de forma efectiva las partículas peligrosas del humo.
“La prevención es nuestra mejor herramienta”, concluyen las autoridades, recordando que protegerse del humo no solo es vital para quienes están en zonas próximas a los incendios, sino también para quienes respiran el aire afectado a kilómetros de distancia.
