Ir al supermercado en Salamanca se ha convertido en un reto cada vez mayor para muchas familias. Durante 2025, el precio medio de la cesta de la compra ha aumentado cerca de un 4% respecto al año anterior, impulsado por subidas en productos básicos como frutas, carne, huevos y pan. Lo que antes era una tarea cotidiana se ha transformado en una ecuación doméstica donde cada euro cuenta.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística confirman que los alimentos han experimentado un encarecimiento continuo, con los huevos subiendo más de un 15% y la carne de vacuno y las frutas frescas rondando incrementos del 10 al 14%. En algunos casos, el alza ha sido tan constante que muchos salmantinos confiesan que llenar la nevera empieza a sentirse como un pequeño lujo.
A pesar de que el IPC general ha mostrado ligeros descensos mensuales, el aumento acumulado se mantiene fuerte en la alimentación. Los precios del pan y la leche también continúan al alza, y las familias ajustan sus menús, buscan promociones y recurren a marcas blancas para equilibrar el gasto. Los hogares con salarios más modestos, alrededor de los 20.000 euros anuales, sienten con mayor fuerza la presión de un mercado que no da tregua.
El incremento no solo está en los productos, sino también en el coste de mantenerlos. La electricidad, el gas y los combustibles —que han repuntado en los últimos meses— encarecen cocinar y conservar los alimentos. Esto empuja a muchas familias a optar por productos más duraderos o a reducir las compras frescas, lo que modifica hábitos y estructura del consumo.
Los salmantinos, que hace unos años hacían una gran compra semanal, hoy optan por llenar el carro poco a poco. Este nuevo modelo obliga a planificar, visitar varios supermercados y comparar precios constantemente. Sin embargo, al comprar de forma fragmentada se pierde la oportunidad de aprovechar descuentos por volumen, y el resultado suele ser gastar más por menos.
Adaptarse a esta realidad implica creatividad: revisar cada etiqueta, comparar comercios y aprovechar verdaderas ofertas, no solo las aparentes. Productos como arroz, aceite o legumbres se compran cada vez más al por mayor, mientras que frutas y verduras de temporada se imponen sobre las opciones importadas. Con cada estrategia, los hogares buscan aliviar el impacto de una inflación alimentaria que, lejos de desaparecer, sigue haciendo de cada compra un cálculo de supervivencia diaria.
