Angélica y Miguel, una pareja de Villaflores que vive en Picanya, Valencia, describen la devastación tras el paso de la DANA. Aunque la situación se estabiliza lentamente, el miedo persiste y la comunidad se siente abandonada, pues solo los voluntarios han ayudado en la recuperación de la zona.
Residentes en una de las áreas más afectadas, Angélica y Miguel relatan el caos y la impotencia que vivieron durante la tormenta. La falta de recursos básicos es una constante: sin gas, con agua no potable y el ritmo de recuperación aún muy lento. «Nos reorganizamos como podemos, asumiendo que todo será muy gradual,» comenta Angélica, quien explica que aunque algunas calles se han limpiado manualmente, hay zonas aún inaccesibles y a la espera de maquinaria adecuada.
Voluntarios, la única ayuda en la zona
En Picanya, la comunidad ha dependido exclusivamente de la solidaridad ciudadana. «Aquí no hemos visto ni UME, ni ejército, ni nada,» asegura Angélica, señalando que guardias forestales del País Vasco llegaron voluntariamente para ayudar a extraer agua de los garajes. La situación ha sido tan crítica que, sin la colaboración de personas externas, muchas familias no habrían podido salir adelante.
Un apoyo emocional desde Villaflores
El caos se agravó con la falta de acceso a alimentos, agua potable y escuelas. En medio de la tragedia, vecinos de Villaflores, el pequeño pueblo natal de Angélica, recorrieron 12 horas en furgoneta para entregar materiales y alimentos, brindando un apoyo emocional significativo. «Fue un alivio verlos aquí, nos levantó el ánimo,» expresa Angélica con emoción.
El impacto del desastre en primera persona
La noche de la inundación, Angélica recuerda cómo los residentes intentaron desesperadamente salvar sus vehículos de los garajes. La situación se tornó rápidamente incontrolable cuando el barranco cercano se desbordó, llenando la zona de barro y arrasando con los coches, algunos de los cuales aparecieron a casi un kilómetro de distancia. «Era como una película de desastre, pero real», cuenta.
La odisea de Angélica continuó cuando intentó llegar hasta la casa de su madre, que vive sola en un piso bajo cerca de la vía del tren. Con su esposo atrapado en Chiva por las inundaciones, decidió buscar a su madre y llevarla a casa, donde ambas pasaron días sin agua caliente, ni gas, ni comunicación.
La necesidad de medidas preventivas
El ruido de las alarmas, de los coches chocando y de los helicópteros resuena en la memoria de Angélica, junto con una demanda: «Este barranco necesita un plan de contención, como el que se hizo con el Turia.» Angélica advierte que el cambio climático hace que fenómenos como la DANA sean cada vez más frecuentes y urge a las autoridades a tomar medidas preventivas para evitar futuras tragedias.
Hoy, la familia enfrenta un proceso de reconstrucción, lidiando con un vaivén de emociones: miedo, resignación y frustración. Aunque siguen adelante, sienten que la recuperación será un proceso largo y agotador.
