El fenómeno del absentismo laboral en Salamanca ha alcanzado niveles sin precedentes, superando incluso las cifras registradas durante la crisis sanitaria. Actualmente, uno de cada 15 empleados en la provincia se ausenta diariamente de su puesto de trabajo debido a enfermedades comunes o accidentes fuera del ámbito profesional. Esta tendencia se manifiesta con especial crudeza en las incapacidades temporales de larga duración.
A finales de agosto pasado, las entidades colaboradoras de la Seguridad Social mantenían abiertos 795 expedientes de baja con una extensión superior a 365 días. Esta cifra es más del triple de lo reportado hace tres años y rebasa en un 22% el máximo alcanzado en septiembre de 2020, tras la primera ola de la COVID-19. Esta escalada refleja una problemática que se extiende de manera similar por el resto de Castilla y León y el conjunto del territorio nacional.
El incremento no se limita a los procesos prolongados. En 2024, las mutuas, que cubren al 75% de los trabajadores de la provincia (101.197 protegidos), iniciaron 20.610 nuevos procesos por contingencias comunes, un aumento cercano al 30% respecto a los niveles pre-pandémicos. Un informe reciente de la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo (AMAT) estima que la incidencia anual de bajas no laborales equivale a que 7.912 trabajadores no hubieran acudido a trabajar ni un solo día en todo el año, lo que supone un aumento del 38,2% en los últimos seis años.
Aunque la duración media de las bajas fue menor en los años álgidos de la pandemia (2020 y 2021), ha experimentado un repunte considerable en los últimos dos ejercicios, pasando de 58,87 a 64,63 días, casi una semana más. Este dato, sumado al disparo de las bajas que superan el año de duración, sugiere un retraso significativo en la reincorporación laboral.
Existe, además, un patrón semanal marcado: la mayoría de las bajas por enfermedad común se inician el lunes, que concentra el 28,7% del total, mientras que los viernes y fines de semana la cifra se reduce drásticamente.
Pese a este alarmante incremento, Salamanca se mantiene como la provincia de Castilla y León con menor incidencia de absentismo por causas ajenas al trabajo. Sin embargo, el coste económico del fenómeno es monumental. El impacto total de estas bajas superó los 180 millones de euros en 2024, un gasto que se ha duplicado en seis años desde los 91 millones de 2018. El costo promedio por cada proceso se sitúa en 8.747 euros, un 46% más que hace seis años. Además, el coste directo para las empresas salmantinas alcanzó los 37,28 millones de euros el año pasado.
Las mutuas señalan como principales causas la burocracia en la gestión de las bajas, la escasez de personal médico en Atención Primaria e Inspección del INSS, y el aumento de las listas de espera en el sistema de salud pública. Exigen, por ello, mayor capacidad de intervención para optimizar la eficiencia de los procesos y reducir el impacto. En total, hay 2.187 empleados más de baja cada día en la provincia en comparación con hace seis años.
