La fuerza de un ordenador
Un ordenador con acceso a internet, eso es todo lo que necesita una persona para transformarse en otra totalmente diferente.
Hoy en día muchas personas a través de las redes sociales se dedican a insultar, increpar y atacar al resto escondidos detrás se un nombre de usuario falso.
Es una lástima lamentar que en este mundo hay gente muy cobarde y muy desgraciada. Cobarde porque no tienen agallas, no tienen personalidad para decir lo que piensan en un cara a cara o, al menos, diciendo quiénes son. Pero también pienso que son desgraciados porque la mayoría se sienten apartados, tienen demasiado tiempo libre y, seguramente, nunca han tenido la sufiente personalidad como para manifestar una opinión contraria en público.
El problema está en que, en ocasiones, esas faltas de respeto, insultos -que si quien las recibe tiene dos dedos de frente no les da importancia- cruzan una línea muy estrecha que separa las vejaciones de las amenazas. Un claro ejemplo de los peligros de una red social como Twitter es la reciente detención de un individuo que había amenazado de muerte al periodista Juanma Castaño a través de la misma.
Desde aquí, me gustaría pedir a los usuarios que reflexionen. Que se replanten el porqué de sus amenazas e insultos. Que piensen si vale la pena hacerse fuerte delante de la pantalla de un ordenador cuando, en realidad, adquieren una personalidad que no es suya y que en el mundo real no les vale de nada. Las críticas constructivas son bienvenidas: se leen, se estudian y se tratan de mejorar; pero nadie tiene por qué aguantar amenazas o insultos de ignorantes.









