Fascismo en Salamanca
Un lector nos envía su opinión sobre los mítines de los dos grandes partidos celebrados las últimas semanas en Salamanca.
"He acudido como miembro del 15 M de Salamanca a los mítines que han celebrado en la ciudad el PSOE y el PP, donde hemos intentado realizar acciones de expresión de críticas hacia estos partidos, al primero como gobernante, al segundo como ganador según todos los pronósticos del futuro gobierno, en base a sus propuestas conocidas, o sus prácticas en los gobiernos autonómicos que gestiona.
En ambos casos nuestro procedimiento era o intentaba ser no ya sólo pacífico, sin ningún tipo de violencia física o intimidación, cuidando también de no expresar ningún insulto o contenido siquiera mal sonante, sino que además se haría en total silencio respetando a los oradores y al público que los escuchaba, tan solo mostrando un cartel del tamaño de 2 folios juntos con los mensajes críticos.
En ambos casos los compañeros que pudieron acceder al acto público y mostrar sus carteles o intentarlo, fueron expulsados por las personas que se encargaban de la seguridad de los actos, extremo que ya sabíamos era lo razonable que pasara, y frente al que nuestra respuesta sería la de salir y abandonar el acto.
Sin embargo no todo ha sido tan sencillo, pues también en ambos casos algunas de las personas del servicio de seguridad han agredido a algunos de nuestros compañeros, agarrones en brazos e incluso por el cuello, golpes, hematomas, empujones y zarandeos que producen contracturas, retorcer las muñecas, robo de móviles con que se estaba grabando la agresión, e incluso casi tirar literalmente por las escaleras a una de nuestras compañeras el último día.
Hasta aquí las similitudes y los excesos de estos segurantes que simplemente se han excedido en el uso de sus atribuciones, algunos de ellos miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, y que esperamos que los tribunales de justicia los pongan en su lugar como delincuentes.
Vamos con las diferencias:
A la salida de los mítines, la acción de protesta seguía mostrando los carteles a los ciudadanos asistentes, respetando en todo momento una distancia adecuada y dejando expedito el paso para cualquiera, con distintas respuestas de unos y otros.
Los del mitin del PSOE, la mayoría los miraban o leían, algunos de reojo, y asumían la crítica e incluso nos manifestaban su apoyo, y cierto también, otros se quejaban, e incluso una de las ciudadanas visiblemente airada arrancó el cartel de las manos de una compañera, lo retorció y arrugó nerviosa, y lo tiró al suelo. Pero muchos coincidían en reprobar la violencia utilizada contra quienes se habían intentando expresar dentro, cuando les explicábamos lo que había pasado.
A diferencia de los anteriores ciudadanos, los asistentes al mitin del PP, ya dentro, alguien llegó a pedir a gritos al agente que estaba agrediendo a nuestra compañera, y que le robó el ipod con que estaba grabando los hechos, que la tirara por las escaleras, literalmente. Ya fuera, muchos afeaban nuestra actuación, algunas personas mayores blandían sus paraguas amenazantes (era una tarde lluviosa), y sobre todo, lo que más me llamó la atención es que muchos de ellos justificaban el uso de la violencia contra nosotros por haber querido molestar dentro.
Los anteriores hechos me mueven a la reflexión sobre el talante o actitud de estas personas que justifican el uso de la violencia para acallar las críticas, pues no solo es muestra de su incapacidad de reconocerse dentro de un sistema de convivencia donde los derechos fundamentales, aquí el de libre expresión de opiniones y el de participación política (arts. 20 y 23 CE), son el fundamento del orden político y de la paz social (art. 10 CE), sino que, barrunto, que si este es el estilo de gobierno de quienes se harán cargo del estado, y por lo que veo tendrán el apoyo de su base electoral, empezará a justificarse el uso de la violencia para acallar las críticas o todo lo que moleste. Esto es fascismo, no hay otra palabra mejor para definir la ideología de quienes acuden o justifican la violencia para resolver los problemas o conflictos de la convivencia ciudadana.
Se dirá que son una minoría de exaltados, puede ser, pero esa tarde lluviosa no vi a nadie que reprendiera o afeara la conducta del agente agresor, o de los mayores de paraguas blandientes, y sí que vi a los acompañantes de la señora que en el primer mitin arrancó el cartel, cómo se la llevaban de allí avergonzados.
Y no hablo de partidos u organizaciones acostumbrados a vestirse de lagarteranas para vendernos su producto con la manipulación y engaños a los que estamos acostumbrados. Ambos partidos, de una forma u otra reconocerán nuestro derecho con tanta solidez en las palabras como blandura en los hechos.
Hablo de personas, hablo de la gente, ciudadanos de una y otra forma de ser o expresarse, hablo de miedo ante el futuro, el que tenemos todos en estos tiempos donde la justicia pierde a manos de mercaderes que nos someten a sus dictados, hablo de cobardía para reconocer a los causantes de nuestros males, admitiendo la agresión al disonante y ofreciendo servidumbre al poderoso, hablo de la pobreza de ánimo de quien es fuerte con el débil y débil con el fuerte.
Son tiempos de ovejas blancas y negras, de pastores traidores y de perros de dientes lacerantes. Eso es lo que he visto en estos días de otoño, en esta pequeña y bella ciudad castellana, no se si será presagio de algo, o recuerdo de lo nunca olvidado.
Fdo. Javier Díez, miembro de la comisión de legal 15 M Salamanca, y oveja negra.









