Ni descanse, ni en paz
Tras la toma de Trípoli el pasado mes de agosto por parte de las fuerzas rebeldes, creadas con el fin de derrocar al dirigente, esta mediodía se publicaba la noticia de la muerte del dictador.
Muamar Gadafi gobernó Libia durante 42 años de forma dictatorial, excéntrica y, sobre todo opresiva. Para sintetizar, huyó de la capital al saber que los rebeldes se estaban acercando, y desde entonces se le ha buscado, vivo o muerto. Según diversas fuentes, las últimas palabras de Gadafí habrían sido “por favor, no disparen”. Una imagen cobarde y lamentable de una persona que ha llegado a crear tanta destrucción y a predicar con el odio y la valentía tras su ejército. La foto del presunto cadáver de Gadafi se hacía pública y recorría medio mundo. Los telediarios afirmaban que era una foto muy "dura", pero para mí es la foto de un cobarde. La cara ensangrentada de un líder que no lo es tanto cuando está solo, como esos matones de barrio que van en grupitos. Acosan, empujan e insultan. Pero como pilles a uno de ellos solo por la calle, agachará la cabeza. O, en el caso de Gadafi, pedirá que no dispares. ¿Te vas a apiadar de un hombre que ha hecho tanto mal? Les dejo a ustedes la respuesta, pero yo lo tengo claro. Si ustedes no, miren la foto ilustrativa de arriba. Y no se necesitan más argumentos para apoyarse, sólo la historia objetiva de su gobierno.
Pero a lo que íbamos. Hubo un momento en que el dictador ordenó al Ejército “limpiar” la ciudad de Benghazi, en febrero, si no recuerdo mal. Entonces, la comunidad internacional inició una campaña de bombardeos aéreos en Libia, tras ser autorizados el Consejo de Seguridad de la ONU, siempre favorable a las fuerzas rebeldes. Uno de los ataques que lanzó la OTAN mató al hijo menor de Gadafi, Saif al Arab, y a tres de sus nietos.
Pasan los meses y hoy, 20 de octubre, Gadafi ha muerto. Así concluye el calificado por mucho como “reinado del terror” del sanguinario líder. Tras de sí deja una ola de asesinatos y opresión, además de la huella y el recuerdo de sus excentricidades. ¿Como cuales? No se pueden olvidar las jaimas que montaba su séquito cuando Gadafi realizaba visitas oficiales a otros países, o las mujeres (casi supermodelos) que llevaba de guardaespaldas. Para muchos el líder libio fue un héroe, y por lo visto se ganó el apoyo de muchos ciudadanos por la disposición que mostraba a enfrentarse a las potencias occidentales y a Israel. Pero la realidad es que Muamar Gadafi deja un rastro de asesinatos. Asesinó a los disidentes a su gobierno, los eliminaba sin piedad. Asesinaba a todo el que pensara de forma contraria al gobierno del terro. No son fáciles de olvidar sus palabras “no tendré piedad ni compasión”, advirtiendo a los rebeldes de las consecuencias de sus actos. Y, paradojas del destino, hoy han sido otros los que no han tenido piedad ni compasión. Su gobierno empezó con un golpe de estado militar en 1969, y ha acabado con un Gadafi temeroso, escondido, suplicante y, por supuesto, vencido.
Ni descanse, ni en paz.









